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El «Washington Post Ciezano», censurado

Los medios de comunicación locales recibieron del ayuntamiento de Cieza en el año 2021 alrededor de 42.200 euros.

La lucha entre los grupos de presión y la prensa se pierde en la noche de los tiempos. El cine ha alumbrado múltiples obras maestras que tratan este asunto y que cualquier periodista debería conocer. Ahí van algunas de estas genialidades: Luna Nueva, Juan Nadie, Ciudadano Kane, El Gran Carnaval, El Cuarto Poder, Primera Plana, Todos los Hombres del Presidente, Buenas Noches y Buena Suerte. Cualquiera de ellas refleja ese movimiento tectónico constante y el esfuerzo de la prensa por subsistir, a pesar de todo contra viento y marea.

Hace unos días, un medio escrito veterano local, de larga trayectoria y de encomiable trabajo, lanzaba una soflama sobre una supuesta prohibición del gobierno municipal para repartir este semanario en las dependencias municipales. Este texto exagerado y desproporcionado, recogía gran parte de los tópicos e ideales del periodismo perfecto e inexistente hoy en día que hemos escuchado en muchas de estas películas. «Seguiremos siendo garante de la información sin sesgos ni adoctrinamientos», «quieren silenciar la información», «no vamos a consentir que nos falten al respecto». Y así seguía la cosa. Yo estaba al borde de la lágrima.

En el último pleno municipal, el Partido Socialista, sensible a cualquier injusticia, recogió el guante de este asunto tan profundo y trascendental. Lo hizo en la misma línea agresiva e inquisitiva marcada tras el varapalo electoral del 28 de mayo y sin la debida cortesía de los 100 días de gobierno municipal. Así que, después de preguntar por la censura de las banderas que, al parecer, y según ellos, son más insignias que banderas, y la censura a su propio festival progresista y reivindicativo que han pagado todos estos años, le tocó el turno a la censura de la prensa local.

Entonces nos enteramos de la verdadera historia de esta censura tan teatral e impostada, cuya razón última es mundana y prosaica, pero sobre todo, económica. La directora de este medio, a través de un militante del Partido Popular, hizo llegar al equipo de gobierno una propuesta de suscripción de los ejemplares que antes de ayer eran gratuitos, pero que ahora, sin explicación alguna, había que pagarlos. Una nota casi de obligado cumplimiento, remitida por la puerta de atrás y sin un mínimo de respeto institucional. Vamos, una cosa bastante cutre.

En dicha propuesta, se entregaría un periódico semanal en la Policía Local, en el Museo de Siyasa, en la Alcaldía y dos periódicos semanales en la Biblioteca Padre Salmerón, sumando un total gratuito por ser tú, iva incluido, de 416 euros.

El equipo de gobierno ha dicho que prefiere que sean gratuitos otros treinta años. Ha zanjado el asunto y a eso otros le han llamado censura. Y el Partido Socialista, por su parte, piensa que hay que llamar al «Washington Post Ciezano» y arreglar el asunto, que ellos tienen el teléfono de la directora y que no les importa cedérselo a la concejala de cultura. Aunque ésta última ha mostrado poco interés por esa información privilegiada.

La preocupación de la oposición es más que lógica. Cientos de funcionarios municipales se verán privados de conocer las primicias y últimas noticias locales y tendrán que echar mano de sus móviles para enterarse de los que pasa en Cieza. Además, ya no podrán formar grupos para leer colectivamente el periódico y jalear esto y aquello como en los buenos tiempos. Se acaba una tradición. Y todo, por culpa de la censura.

En este punto, se entiende mejor la introducción primera sobre la lucha entre los grupos de poder, especialmente políticos, y los medios de comunicación,  porque los primeros encontraron un resquicio en los segundos. Se podía controlar a la prensa, o por lo menos, aminorar el perjuicio hacia estos grupos de presión invirtiendo económicamente en periódicos y cadenas de radio y televisión por medio de campañas publicitarias. No digo que esto haya ocurrido en Cieza o que vaya a ocurrir.

Sin embargo, cuando este periódico venía regalando sus ejemplares al ayuntamiento y todo se llenaba de libertad sin sesgo ni adoctrinamientos como una eterna primavera florida, recibía inyecciones económicas nada despreciables por parte del consistorio. En el año 2021, cerca de 20.000 euros fueron a parar a los bolsillos de la propietaria de este medio de comunicación que ahora habla de censura y prohibición. Ese año los medios locales recibieron en total alrededor de 42.200 euros provenientes de campañas publicitarias municipales. Y esto solamente en un año.